Reencuentros, orgullo y aprendizaje en una pista exigente.
El pasado domingo nos desplazamos a Alicante para enfrentarnos al Fundación Lucentum. El partido venía cargado de un alto componente emocional, ya que nos reencontrábamos en la pista con viejas conocidas a las que guardamos un gran aprecio.
Desde el salto inicial, ambos conjuntos saltaron a la cancha decididos a llevar la iniciativa del juego. Sin embargo, fueron las locales quienes, por pequeños detalles, lograron imponer su ritmo en los primeros compases. Nuestras jugadoras supieron plantar cara a una defensa rival sumamente incómoda, aunque es cierto que su presión nos revolucionó en exceso, provocando precipitaciones en momentos en muchos momentos del encuentro. Durante toda la primera mitad, el Lucentum consiguió que esa incomodidad nos impidiera desarrollar nuestro juego fluido; abusamos demasiado del bote y atacamos con prisa. A esto se sumó la falta de cierre en el rebote defensivo, que se convirtió en otro gran ‘pero’ para el equipo al conceder segundas opciones. Con ese guión, llegamos al descanso con un 27-21 en el marcador.
Tras el paso por los vestuarios, el equipo mostró otra cara. Salimos con una marcha más y logramos firmar un brillante parcial de 5-14 para darle la vuelta al marcador y ponernos por delante. Sin embargo, en los últimos suspiros de este quinto periodo, tres canastas consecutivas de las alicantinas volvieron a darles oxígeno.
A partir de ahí, el partido se convirtió en un intercambio de golpes donde ambos equipos se emplearon al máximo. En este tramo decisivo debemos hacer autocrítica: los despistes en el rebote defensivo continuaron pasando factura, convirtiéndose en un lastre demasiado pesado para optar a la victoria. A pesar de ello, el equipo no se rindió en ningún momento. Tuvimos nuestra oportunidad a menos de un minuto para el final gracias a varias recuperaciones defensivas, pero la fortuna no nos sonrió en la finalización.
Este partido nos debe servir para reflexionar sobre cómo adaptarnos a las defensas intensas y nos recuerda la importancia de seguir trabajando, más si cabe, el rebote, los tiros libres y la consistencia defensiva. Aunque mi labor es analizar los errores para que aprendamos de ellos, quiero destacar la grandísima entrega de unas jugadoras que siempre intentan plasmar lo que se les pide. Es un auténtico orgullo entrenarlas. Por la experiencia que tengo, estoy completamente seguro de que van a crecer muchísimo esta temporada; en el poco tiempo que llevo con ellas, ya me han demostrado que tienen un amor inmenso por el baloncesto y un deseo inquebrantable de mejorar cada día.
POR: Joaquín Pérez
