Tardó en llegar pero llegó.
Llegó ese día en el que cada uno encontró su forma de aportar al equipo. En el que nos dimos cuenta de que función se adapta mejor a nosotros y, sobre todo, llegó el día en el que descubrimos que todos somos importantes en ataque, pero sobre todo en defensa.
A eso le unimos ese punto de suerte necesario, las ganas, el acierto y un rival que nos permitió jugar a nuestro baloncesto y tener la mezcla deseada.
Desde el inicio nos hicimos dueños del ritmo de partido. Defensa bien posicionada, buenas ayudas en general y salidas a la contra verticales y con buen criterio. Las canastas iban llegando, no nos achicábamos con las canastas de ellos queriendo todavía más.
Los cambios de quinteto, siempre peligrosos en estas situaciones, eran buenos, nos mantenían en el nivel requerido.
Y poco a poco, con esfuerzo, ganas y entendiendo lo que el partido iba necesitando llegamos al +25, lo que nos llevaba a la defensa a medio campo. No se muy bien si fue algo psicológico o fruto del buen partido, pero todavía nos crecimos más. Empezamos a recuperar más balones, a ser mas efectivos y compartir mejor el balón. Disfrutamos sobre el campo y desde el banquillo, nos lo pasamos de pu….
No vamos a decir que fue el partido perfecto, porque fallos hubo y muchos, pero si fue ese partido en el que espero que muchos entendieran lo que son capaces de hacer para ellos y sobre todo para el equipo.
¡Grandes, pequeños enanos!
POR: José Manuel Muñoz
